viernes, 12 de julio de 2024

Cuatrocientos treinta y… No más ¡Basta ya!

 Cuatrocientos treinta y… No más ¡Basta ya!  

 

                                           Fotografía tomada de internet

Por: Luis Carlos Pulgarín Ceballos

1.

Con el primer canto de la madrugada Rodrigo salió de su rancho rumbo al sembrado, quería mirar el florecer de su esperanza con los primeros rayos del sol aquella mañana. 

Luego de entregar armas se había consagrado a ese proyecto agrícola que había logrado plantar, en esa tierra prestada por un vecino de la comunidad que los recibía, con la condición de compartir algo de lo cultivado. Su dedicación a ese sembrado manifestaba su arraigo con el campo, el arraigo que tenían muchos excombatientes con la tierra, dado su origen campesino.

Antes de salir al campo, miró hacia su pequeño hijo de un año, pensando, tal vez, en que la paz ahora tenía descendencia; la prole estaba prohibida en tiempos de guerra. Ese hijo y Diana, su mujer, también ex combatiente, eran el aliento de su vida, a pesar de las dificultades que se cernían en el horizonte de esa paz que habían asumido ante el país.

Con aire de enamorado tarareaba al viento una canción de esas que se quedan con uno toda la vida, mientras caminaba presuroso. Había tanto por hacer aquel día: marcaría canales de desagüe para que el agua no se empozara en las raíces de sus matas de plátano, desyerbaría los alrededores, y en la tarde volvería al campamento de paz a colaborar con actividades comunitarias.

Sumido en sueños iba, cuando un grupo de hombres le salió al camino. Viejos camaradas del pasado reciente, aquellos por los cuales ayer, habría arriesgado su vida en cualquier combate. Un encuentro anunciado, pero no deseado.

—Camarada Rodrigo, gracias por presentarse -lo saludó falsamente efusivo uno de los armados.

—Camaradas —respondió Rodrigo, tratando de no demostrar temor ante ellos —yo no me he presentado ante nadie, y les pido por favor que me dejen seguir mi camino, yo respeto sus decisiones y espero que en honor a las convicciones revolucionarias, que dicen seguir teniendo, ustedes respeten las mías.

—Claro camarada Rodrigo, las convicciones revolucionarias que nosotros aún defendemos y que ustedes los traidores entregaron —ripostó el mismo guerrillero.

—Camaradas, yo ya no estoy más en la guerra —enfatizó Rodrigo, con el anhelo de no estar allí, de escapar de aquello que sabía era una redada de aquel grupo de hombres disidentes del proceso de paz.

—Vea camarada Rodrigo, no se ponga así, como a la defensiva, venimos en plan de amigos; como en los buenos tiempos camarada, contra usted no tenemos nada, solamente queremos hacerle unas preguntas —trató de calmar el ambiente el que parecía ser el vocero del grupo.

Pero el aire traía un cierto olor a presagio gris con tonos de amargura. 

 

2.

 ¿Estas despierta?

—No dejo de pensar en los muchachos.

—Son harina de otro costal, Diana.

—Tantos años caminando juntos.

—Pero ellos tomaron su decisión, Diana.

—No están lejos…

—Están en otra realidad, Diana.

—Y, ¿si te buscan?

—No los conozco, Diana.

—Van a querer que el camarada Rodrigo les ayude con los explosivos, en lo que él es experto…

—Se me olvidaron esas prácticas, Diana.

—O que les reclute gente, Rodrigo…

—Mujer, ahora solo reclutamos gente para la paz.

—¿Si te buscan?

—No me encuentran.

—Ya conoces al camarada Algiro, tu eras de su entera confianza.

—Él rompió esa confianza, Diana, está en una orilla del río diferente a la en que tu y yo nadamos ahora.

—A veces tengo unos sueños malucos.

—Tenes que tranquilizarte Diana, nadie dijo que iba a ser fácil.

—Sueño que nos persiguen, nos gritan traidores, nos someten a un consejo de guerra…

—Duérmete ya, Diana, no digas pendejadas, esas ya son cosas del pasado.

—Con ellos rondando por allí… cosas que siguen siendo del presente. ¿No tienes miedo, Rodrigo?

—Mujer, a lo hecho pecho, y esta paz es nuestra revolución ahora.

—Yo sí tengo miedo, Rodrigo; tengo miedo a que te pase algo.

—Duérmete ya Mujer. Mañana será otro día, esperemos que esta paz no nos cueste la vida.


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Otras lecturas:

Compa, dígale que estamos en proceso de Paz

(Primera versión... de los hechos)


Diles que no me maten

(Juan Rulfo)

 

Autor: Luis Carlos Pulgarín Ceballos

Dicen que se lo llevaron monte arriba. Que lo sacaron de la carretera y después de quemar la moto en que iba lo golpearon sin compasión, luego se lo llevaron a rastras por entre la arboleda de la montaña. Dicen que le gritaban “Guerrillero hijueputa, aquí las vas apagar todas, este país no olvida”.

Casi asfixiado, pálido y aterrorizado llegó a la vereda de paz, el niño que trajo la noticia, corrió con toda la fuerza que podían darle sus entrados trece años de edad, para alertar a la comunidad. Yo estaba ahí, a la orilla de la quebrada, cuando escuché los pasos de los soldados, entonces me asusté y me escondí detrás de un matorral, ahí fue cuando vi que el camarada Fidel aparecía en su moto…


 Opinión

Cultura de Paz: Principio de la Paz que Colombia necesita

Por: Luis Carlos Pulgarin Ceballos

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Construir Paz, entonces, nos representa abordar los siguientes compromisos: 1. Detener la guerra, 2. Políticas estructurales, 3. Instaurar una Cultura de Paz.

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En los últimos tiempos, Colombia ha estado inmersa en un debate sobre el tipo de Paz que necesita construir. Cada gobierno de turno ha bautizado de diversas formas su propuesta de trabajo en pro de la paz. Para no hacer mucha historia: con la elección de Gustavo Petro se generó la idea de una Paz Total, aunque dentro de su mismo gobierno, igual, se habla de una Paz Territorial. En algunas instancias de la ciudadanía se habla de Paz Integral, al parecer un recicle de lo que antes llamaron Paz con justicia social; de igual manera, en otros sectores es común escuchar que se habla de una Paz positiva.

https://canal3sistemaenlinea.blogspot.com/2024/03/cultura-de-paz-principio-de-la-paz-que.html


Pedagogía de la Reconciliación

Que no te acobarde la Paz

Carta y poema para un amigo que persiste en la guerra

 

Por: Luis Carlos Pulgarín Ceballos.

 

 Entonces eras como nuestro hermano, uno más de aquel grupo de artistas regionales que soñábamos comernos el mundo con nuestras incipientes obras de aquel entonces; el bacán de la gallada. Diestro en la palabra y el humor, quizá, por eso te hiciste trovador y poeta. Por ahí, entre unos papeles descuadernados aún quedan rastros de tus primeros versos: “Escucha. No bajes la mirada/ no me tengas miedo/ deja que mi mano ponga una rosa en tu pelo/y mi boca te diga: te quiero/ permite a mis ojos mirar tus silencios/ deja que el amor nos regale un verso”(1).  

https://canal3sistemaenlinea.blogspot.com/2024/04/que-no-te-acobarde-la-paz.html

sábado, 27 de abril de 2024

ABCdario del Infierno -poemas-

 

Foto; Jesús María Catano Serna, Cumbre Nacional de
Experiencias de Pedagogías de Paz

«ABCdario del Infierno»: algunos poemas del nuevo libro de Luis Carlos Pulgarín Ceballos


Un periplo a través de 6 poemas de Pulgarín Ceballos y, al final, una breve reseña de su libro.

Homenaje

A María Mercedes Carranza
(en memoria)

Desde este lado oriente
la ciudad se extiende
a lo largo y ancho
como un monstruo gris incontenible

Desde este lado oriente de la ciudad
escucho el rumor y la estridencia
el caudaloso río de una jauría ansiosa por devorar el tiempo

De este lado oriente de la ciudad
unas cuántas calles empinadas más abajo
vivió María Mercedes

imagino que muchos días al despertar
                                                              a lo mejor todos
al abrir
          de par en par
                                su ventana

para saludar las fatigas que tocaban las puertas del nuevo día
se encontró con la misma ciudad
que me encuentro yo cada mañana
y la anhelo de nuevo más pequeña
con menos pretensión de edificio desbocado hacia el cielo
a salvo de ensordecedoras congestiones
más llena de rocío y de paraguas
como en la época de su infancia
cuando era más suya
y subía a los cerros para arroparla toda con una sola mirada
y luego corría por sus calles
                                       para recoger la poesía de la lluvia lenta
                                                          o simplemente
jugaba con el aire dando pequeños saltos
para no salpicar su uniforme de la escuela
en los espejos que quedaban de la lluvia
sobre calles y andenes

De este lado oriente de la ciudad
con viejas casas
y memoria de una cierta arquitectura provinciana
donde las fachadas guardan el olor del miedo
y las esquinas y zaguanes
la ansiedad del asaltante
María Mercedes destendió su cama
con la serenidad propia de quien ya no tiene prisa alguna
se acostó abrazada al adiós de su existencia
se cansó de ser extranjera de sí misma
de hablar a solas ante el espejo
de su desolada presencia
en esta urbe con millones de habitantes
dejó en el viento besos y sonrisas suficientes
para que su hija comprendiera su ausencia escogida
y se fue al encuentro de respuestas
para ese puñado de preguntas que siempre tuvo

A esta hora ya debe saber
si Rimbaud soñaba cuando soñaba Verlaine
o si solo
«se trata de un tema
de escritores sin oficio»
en una ciudad que nos resulta cada vez más ajena

Poema ganador en el Concurso Nacional «Poesía Capital»,
Casa de Poesía Silva y Ministerio de Cultura, 2005.


ABCdario del infierno I (Leiva)

En mi país
(país maldito
por ángeles expulsados del paraíso)
La letra con sangre entra

Las manecillas del reloj de la infancia
corren por caminos polvorientos
con su desparpajo de primavera
para llegar a su meta
                                   La escuela donde el maestro
                                                                    espera la tarea

La muerte
envidiosa y marrullera
ha tendido su red con olor a plomo

El camino ahora es un lecho de cardos
                                                 y espinas de rosas fúnebres

La tarde suelta su rumor de duelo
       de rodillas los cuadernos caen
                         ruedan por el polvoriento suelo
                         y de entre sus hojas en desorden
                         lleno de espanto
                                           se libera un mudo abecedario

La madre sin intuir un por qué
empieza a sentir que los santos en el altar visten de luto
En la mesa de la espera
                               servida quedará la merienda


Cartografías de la memoria

5

Éxodos

La casa derruida por el tiempo
habitada por la soledad
mientras las cucarachas hacen un festín
con las sobras de la cena que se quedó a medias

La puerta de par en par
como testimonio
                       del afán que sembró el miedo
y la mecedora dormitando el viento
                               que zarandea tus recuerdos.

Las paredes abrazando inconfesables secretos
y un baúl desolado después del saqueo
a la hora que los zaguanes murmuran
                                una lenta melodía de duelo
y la lluvia borra las huellas
                               de tus últimos pasos por el patio


ABCdario del infierno VII (Rompecabezas)

Fra
         g
men
ta
         do

Su
           cu   er   po
como                     un
abecedario
ro
      to
y
re   ga   do
         por
el
    patio

Una madre
con paciencia y sin espanto
lo va juntando
pieza a pieza
lo cose con sus besos


Desolación (Alto Naya, 2001)

En la pizarra
de la vieja escuela rural
donde el aire es solo olor de humo
y el viento un gris y espeso manto de ceniza

Inconclusas quedan algunas operaciones matemáticas
última lección de la maestra ante el fragor del miedo

                                    Adición de incertidumbres
                                    y resta de alumnos salidos en diáspora


Caligrafías del olvido

En la última vereda devastada
arden las últimas tablas de madera
que un día fueron casa
                                   hogar
                                           cobijo
dispersas cortinas de humo
elevan hacia el cielo
los nombres de Pedro Manuel
Carlota José Antonia Abel
Luisa María Roberto Gabriel

Después de jugar con ellos
como si fueran
la cola de una cometa sin rumbo
                                     el viento
                                     como un niño travieso
                                     los fragmenta


Apretar la realidad con abecedarios trágicos
Reseña de ABCdario del infierno de Luis Carlos Pulgarín Ceballos

Por Samuel Solórzano Cisery

En las inmediaciones de la desidia, del intercambio de conflagraciones que se elevan con humos desamparados, la poesía de Pulgarín Ceballos reacciona como espejo por tierra, fragmentándose para abarcar las casi inabarcables ruinas de memoria y espíritu. Cada fragmento nos devuelve los rostros que la muerte ha borrado, las voces que repiten con desgarro sus nombres, el jardín o la casa cuyas fibras ardieron en el fuego, pero sus cenizas se niegan a mezclarse en una ciénaga de olvido.

ABCdario del infierno (2022) de Pulgarín Ceballos expresa un territorio lleno de violencia y se pregunta no solo por el sufrimiento de sus habitantes, sino también por sus actividades, aprendizajes y afectos antes de que fueran truncados. En sus versos se hilvanan así personajes como los niños y las madres, donde los primeros padecen, son asesinados aún sin aprender los completos abecedarios para manifestar en palabra sus sufrimientos más allá de la línea de la muerte; y las madres son aquellos tótems que reciben toda la carga de ausencia e impotencia, las que levantan las manos al cielo y son franqueadas por el agónico silencio de una pregunta sin respuesta. Es entonces cuando este poemario coloca sobre un nenúfar giratorio cada tragedia y evita que se anegue con los ciclos de violencia-muerte. La poesía no frena ciclos, pero sí sacude el polvo.

ABCdario del Infierno abre su periplo con un homenaje a María Mercedes Carranza, que es un “elogio a los suicidas”; un poema que expande la última mañana de vida de la poeta bogotana quien dirigió la entidad cultural Casa de Poesía Silva desde su fundación en 1986 hasta que se suicidó en el 2003.

Luego el ABCdario del infierno recupera la topografía de la Comedia de Dante con tres secciones que extrapolan los ciclos violentos en tres niveles, con la única diferencia es que no hay paraíso. La primera sección “Capítulo 1 – Infierno” se concentran los poemas que abordan la memoria y el olvido que penetran en las coyunturas de una muerte interior con un telón de masacres de fondo.

En el “Capítulo 2 – Purgatorio” los poemas se astillan con cada ciudad y pueblo nombrado a través de versos que dibujan, describen, anuncian las ruinas y los resabios del conflicto armado. Por último, en el “Capítulo 3 – Otros poemas en las turbulencias de Aqueronte” el desasosiego se encarna con las manos que desaparecen, la infancia que sangra, la oración jamás escuchada y las corrupciones como pan de cada día; poniendo el final de un periplo que gira y regresa sobre sí mismo, como el nenúfar que flota sin ningún destino.

Este nuevo poemario de Pulgarín Ceballos es devastador. Aprieta la realidad falsa de la cotidianidad y del paso del tiempo para mostrar las heridas de un país debajo de la ilusión de paz.

***

Sobre Luis Carlos Pulgarín Ceballos

Luis Carlos Pulgarin Ceballos (Colombia, 1967). Escritor, periodista, comunicador social, abogado, dramaturgo, actor, director de teatro y narrador oral. Ha realizado estudios sobre justicia transicional, negociación y resolución pacífica de conflictos, acción para la paz, gerencia cultural, liderazgo social y político, Derechos Humanos, DIH, literatura, producción audiovisual, teatro, entre otros. Catedrático universitario. Promotor, consultor, interventor y coordinador de proyectos culturales, juveniles, sociales, de acompañamiento a víctimas del conflicto armado y de Derechos Humanos en varias regiones del país. Cofundador de grupos culturales como la Corporación de Cuenteros y Narradores Orales de Antioquia y Vivapalabra de Medellín e integrante del Taller de Escritores Urabá Escribe (años 90).

Premio Nacional de Dramaturgia para Niños 2001. Ganador Concurso Nacional «Poesía Capital», Casa de Poesía Silva, 2005. Beca IDCT de Creación en Teatro, 2002. Ganador del concurso nacional de proyectos para televisión «No se le arrugue» de Producciones PUNCH, año 2000. Libretista del programa Planeta Niños (nominado por el periódico El Tiempo, como mejor programa infantil de la televisión colombiana en 2004). Segundo lugar en el III Concurso de Cuento Eutiquio Leal (Taller de Escritores Gabriel García Márquez y U. Autónoma de Colombia), 2012. Ganador del Concurso Tertulias a la Francesa con el proyecto «Las bodas de Figaro», Fundalectura y Embajada de Francia, 2006. Nombrado Embajador del idioma español, por La Fundación César Egido Serrano y el Museo de la Palabra en sesión plenaria, Madrid, España, febrero de 2018.

Ha publicado: Urabá, el mayor éxodo de los últimos años (investigación, 1995), Refugiados colombianos en Panamá (informe, 1998), Esta fabulilla es una farsa (teatro infantil, 2002), La trágica historia de amor del gato Romeo y Julieta, la ratona (cuento infantil, 2004), Los Relatos del Majuy (tradición oral del municipio de Cota, 2007), Crimen de media noche (teatro en estudio, 2016), Altazor; antología poética de la campaña 1 millón de poemas contra la guerra, la impunidad y el olvido (2012). ABCdario del infierno (poesía, 2022); Mudanza y otras minificciones (cuento, 2022). Poemas, cuentos y artículos suyos han sido publicados en: Antología del cuento contemporáneo (Revista Vericuetos, edición bilingüe, Paris, Francia, 2020). Revistas Casa de Poesía Silva, Golpe de Dados y Contestarte. Magazín Dominical de El Espectador. Entre otros medios periodísticos, universitarios, nacionales y regionales.

Esta sección de La Cháchara literaria es coordinada por Samuel Solórzano Cisery.




sábado, 20 de abril de 2024

ABCdario del Infierno

 


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ABCdario del Infierno


Por Redacción literaria Quira Medios

Septiembre, 2023

 

 

Siempre será oportuno recomendar poesía colombiana. En esta oportunidad, hablamos del escritor, periodista, comunicador social, abogado, dramaturgo, actor, director de teatro y narrador oral, Luis Carlos Pulgarín Ceballos, quien nos presenta: ABCdario del Infierno.

 

Son 61 hojas, distribuidas en tres capítulos llamados Infierno, Purgatorio y Otros poemas en las turbulencias. Los cuales nos adentran en un realismo trágico que se ha vivido durante años en nuestro país.

 

El flagelo, la memoria y el destierro hacen parte fundamental de este ABCdario del Infierno, el cual es definido de manera magistral por Danny Jhoan Ochoa Uyasaba:

 

“Estas palabras brotan como extrañas flores que tratan de tocar el firmamento queriendo buscar algún Dios que las pueda amparar en su jardín en su jardín descompuesto como la pugna el agravio y el desdén el silencio las marchita con su cobijo adéntrate al jardín y trata de escuchar sus silbidos”.

 

 

ABCdario del Infierno

Capítulo 2  "Purgatorio"

 

Bojayá

De repente

La emboscada de la tempestad

 el miedo colándose por las goteras de la tarde 

y el trueno

anunciando la ira de la guerra

Después un vendaval de lágrimas

desde la cúpula derruida de la iglesia

 y el silencio en los ojos de un niño

 que contempla

 los cuerpos inertes de sus padres

 el reflejo de la orfandad de los dioses

 

 

ABCdario del Infierno

Capítulo 2  "Purgatorio"

 

Montes de María

Las mujeres bordando memorias

en las riberas de la tarde 

sus mantas tendidas en las alambradas de la madrugada 

habitadas por cartografías de dolor y 

testimonios de ausencia 

tejidos con hilos de arco iris

En Montes de María

en el cauce de sus ríos

se baña el canto de la esperanza

 

 

ABCdario del Infierno

Capítulo 1  "Cartografías de la memoria 6"

 

Desplazados

Ya no habitan aquí 

Acorralados por la incertidumbre del miedo

sin concluir el poema 

se vieron forzados 

a cambiar de página 

El silencio es ahora su único alfabeto

 

 

ABCdario del Infierno

Capítulo 3  "Otros Poemas En Las Turbulencias"

 

Oración para El séptimo día

“Huidobro tenía razón, los poetas son pequeños dioses… acaso los únicos y verdaderos”

A diferencia del Dios de la fábula bíblica 

que ha optado por el silencio 

Los poetas, pequeños dioses de la tierra 

tenemos la palabra 

y no es nuestra voluntad el silencio 

no esperamos que éste se suceda en el cielo como en la tierra

Así seamos propietarios de grandes impotencias 

de incertidumbres 

y de miedos que nos habiten como fantasmas 

Así nuestra oración de cada día 

sea el no caer en tentación 

de autodictaminarnos la eutanasia nuclear 

y reducirnos a la nada

amén

 

Hablando un poco más de su autor, ha realizado estudios sobre justicia transicional, negociación y resolución pacífica de conflictos, acción para la paz, gerencia cultural, liderazgo social y político, Derechos Humanos, DIH, literatura, producción audiovisual, teatro, entre otros.

 

Luis Carlos Pulgarín es catedrático universitario, promotor, consultor, interventor y coordinador de proyectos culturales juveniles, sociales, de acompañamiento a víctimas del conflicto armado y de Derechos Humanos en varias regiones del país.

 

Cofundador de grupos culturales como la Corporación de Cuenteros y Narradores Orales De Antioquia y Vivapalabra de Medellín, e integrante del Taller de Escritores Urabá Escribe (años 90).

 

Cuenta con el Premio Nacional de Dramaturgia Para Niños 2001. Ganador Concurso Nacional “Poesía Capital” Casa de Poesía Silva, 2005. Beca IDCT de creación en Teatro, 2002. Ganador del concurso nacional de proyectos para televisión “No se le arrugue” de Producciones PUNCH, año 2000. 

 

Libretista del programa Planeta Niños (nominado por el periódico El tiempo como mejor programa infantil de televisión colombiana en 2004) Segundo lugar en el III Concurso de Cuento Eutiquio Leal (Taller de Escritores Gabriel García Márquez y Universidad Autónoma de Colombia), 2012. Ganador del Concurso Tertulias a la Francesa con el proyecto “Las bodas de Fígaro” Fundalectura y Embajada de Francia, 2006.



domingo, 7 de abril de 2024

Metáforas de nuestro realismo trágico - 3 cuentos breves de Luis Carlos Pulgarín Ceballos

 

      Indignados


 Para todas las Primeras Líneas del mundo.

 El país entero amaneció indignado; desde los telenoticieros nacionales no paraban de atizar el escándalo, ¿cómo era posible que decenas de fachadas de la infraestructura comercial y financiera se llenaran de grafitis y rayones de mal gusto? ¡No hay derecho! ¡Que la gente bien tengamos que tolerar tanto vandalismo!, repetían con airado odio, incluso los incautos desposeídos de todo, quienes hacían eco a las voces opresoras.

 Mientras tanto, invisibles y silenciosas, cientos de madres buscaban, en los cauces de los ríos, los cuerpos de sus hijos desaparecidos, torturados, descuartizados por la represión de la “Fuerza Pública” defensora del legal y dominante Sistema establecido ante cualquier manifestación de protesta y exigencia de derechos constitucionales.

 La búsqueda es larga, su tiempo son horas muertas escritas en un libro que nunca será leído, en un reloj de arena desperdigado por tormentas de viento indolente, en una realidad espinosa que nunca será titular noticioso.


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Derechos Humanos

 

Cuando el presidente se dirigió al país afirmando que no le temblaría la mano para castigar a quienes habían perpetrado el pretendido atentado con el cual querían cegar su vida, las cámaras de televisión omitieron mostrar que aquellos papeles que él firmaba, mientras su alocución, era un cheque en blanco para sus ministros de la guerra.

(Colombia 2002-2010)

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Fábula impune

 

Ante los sanguinarios desenfrenos de las fieras de la selva, en busca de destronar la monarquía impuesta por el León, la Paloma fue designada conciliadora entre las partes en pugna.

 Este, quizá, fue el motivo principal de su desaparición una noche cualquiera, como lo declaró a la AP, la AMPM, la UPI, la EFE, la TASS, la AFP, la UPA, la UP, la H.P. y otras agencias informativas internacionales, el Búho, quién extrañamente esbozaba una sonrisa de satisfacción, al tiempo que se confundía en un sospechoso currucuteo como si una pluma ajena le estorbara en la garganta.















domingo, 31 de marzo de 2024

Compa, dígale que estamos en proceso de Paz

 Compa, dígale que estamos en proceso de Paz

(Primera versión... de los hechos)


Diles que no me maten

(Juan Rulfo)

 

Autor: Luis Carlos Pulgarín Ceballos


Dicen que se lo llevaron monte arriba. Que lo sacaron de la carretera y después de quemar la moto en que iba lo golpearon sin compasión, luego se lo llevaron a rastras por entre la arboleda de la montaña. Dicen que le gritaban “Guerrillero hijueputa, aquí las vas apagar todas, este país no olvida”.

Casi asfixiado, pálido y aterrorizado llegó a la vereda de paz, el niño que trajo la noticia, corrió con toda la fuerza que podían darle sus entrados trece años de edad, para alertar a la comunidad. Yo estaba ahí, a la orilla de la quebrada, cuando escuché los pasos de los soldados, entonces me asusté y me escondí detrás de un matorral, ahí fue cuando vi que el camarada Fidel aparecía en su moto…

Según el relato del niño, Fidel venía sonriente, confiado; ellos los soldados no tuvieron que detener su marcha, él se detuvo a saludarlos con su gesto de “todo bien”, tal vez confiado: finalmente ellos están aquí para protegernos, según el pacto con el gobierno al hacer la paz. Pero apenas fue que él detuviera la moto, para que uno de los soldados le diera en la cabeza con la culata de su fusil, le asestó un golpe seco en la cabeza que de una vez lo tiro al suelo. Después solo fueron patadas corridas por todo su cuerpo. Sus gritos de “muchachos, yo estoy en la vereda de paz, yo hice la paz, nosotros hicimos la paz, dejamos las armas, por favor deténganse y hablamos”, fueron ahogados por los insultos de “guerrillero hijueputa, el que ha sido no deja de ser” …, yo no sé qué tenían esos soldados, pero estaban como envenenados, tal vez drogados… Acotó el niño.

— Aquí no se ha reportado ninguna novedad, los soldados que hacen la ronda por esa parte de la vereda se recogieron con el llegar de la noche y están en su turno de descanso—.  Dijo el coronel Uscategui a la comisión de ex combatientes guerrilleros que salió a buscar a Fidel.

— ¿Y entonces la moto, coronel?, allá están los restos de la moto incinerada, ¿cómo es que sus soldados no la vieron allá en la orilla de la carretera que de la vereda lo lleva a uno al pueblo?

Tras la noticia del secuestro de Fidel, se formó rápidamente una comisión de búsqueda; salió una decena de compañeros del ex combatiente y guiados por el niño llegaron hasta los restos de la moto rociada con la propia gasolina que sacaron de su tanque; la habían tirado en una cuneta ahogada de maleza en una de las orillas del camino. Luego subieron hacía la arboleda, rastreando los posibles pasos que dieron los secuestradores con su víctima, caminaron buen rato monte arriba, pero pronto los cogió la noche y decidieron suspender la búsqueda para acudir al mando de los militares que había puesto allí el gobierno para protegerlos, según el Acuerdo de Paz firmado. ¿Chino, está seguro que eran militares los que se llevaron al camarada Fidel?; preguntó Dimar, quien se había erigido líder natural de la comisión, por ser el delegado del extinto grupo guerrillero para manejar los asuntos de la reintegración en la vereda de paz. Le preocupaba hacer una acusación temeraria a los militares. El Acuerdo de Paz había empezado a establecer unas nuevas relaciones entre quienes antiguamente habían sido enemigos acérrimos. Y, de otro lado, no solo el ejército hacía presencia por el entorno rural, también sus antiguos camaradas disidentes del proceso de paz, que una vez retomaron las armas los hicieron blanco de sus amenazas, de hecho, ya habían asesinado a varios ex combatientes en otras regiones del país.  

—Estoy seguro, respondió el niño: Estaban con vestidos con sus uniformes militares.  Dimar se quedó un momento reflexivo, meditabundo, con duda, como con temor de enfrentar esa posibilidad de que fueran los mismos soldados que los protegían, quienes rompían el pacto de paz. De repente, miró a sus compañeros de comisión y anunció resuelto: pues nada, vamos a enfrentar esto de una buena vez, cada segundo que pasa puede ir en contra de la vida del Fidel. Entonces varias linternas iluminaron el camino que los guiaba hacía donde estaban acampados los soldados que el gobierno habían nombrado como la Fuerza Militar de Paz para la protección de los ex guerrilleros.

El coronel Uscategui montó en cólera cuando la comisión denunció que los secuestradores eran soldados, según la versión del niño. No se olviden que ustedes tienen muchos enemigos, no hagan acusaciones tan rápidas y sin fundamento, son los ojos de un niño que lleno de miedo puede confundir el uniforme de un militar del Estado con un uniforme de una criminal de esos de las disidencias que se negaron a hacer la paz y ahora los buscan a ustedes por ser traidores de su falsa revolución, según vociferan. 

A esa hora había empezado una fuerte lluvia que apagaba los sonidos naturales de la noche con la estridencia de una cascada de truenos. Con ese temporal y a esta hora se hace difícil salir a buscar... Determinó el coronel. Mañana a primera hora nombro una comisión para que los acompañé en la búsqueda, ahora lo mejor es irse a descansar.

— ¿Y el Fidel? —, preguntó con voz temblorosa, Antonia, la compañera sentimental de Fidel, la única mujer del grupo, quien había salido a acompañar el recorrido de la búsqueda, sin importar el esfuerzo físico que le costaba caminar, recién había dado a luz el hijo que cargaba en sus brazos.

— ¿Y el Fidel? —, volvió a preguntar Antonia, angustiada ante la posibilidad del cese de la búsqueda ¿Cómo esperar hasta el día siguiente con la daga de la incertidumbre atravesada en su garganta?

El coronel guardo un hiriente silencio.   

Tres soldados rasos y un capitán de cuadrilla arrastraban a Fidel, quien temeroso por su vida, les suplicaba argumentando que él ya no estaba en armas. No habían caminado más de 20 minutos cuando el capitán ordenó detener la marcha y amarrar a Fidel al tronco de un frondoso árbol, como frondosos eran todos los árboles que los protegía de la posibilidad de ser descubiertos en el acto. Aún no caía la noche.

El capitán y dos soldados se retiraron unos metros, discutían algo que Fidel, en medio de su angustia, no podía escuchar. Los tres militares empezaron a fumar, mientras parecían tomar una decisión.

—¿Por qué me hacen esto, compa? —, preguntó Fidel, tratando de buscar familiaridad con el militar que se quedó a su lado vigilándolo, para que no escapase, aunque estaba fuertemente amarrado al árbol. El soldado, dudó un momento, luego con la mirada perdida hacía las copas de los árboles, incapaz de enfrentar los ojos de Fidel, atinó a responder: son ordénenos de mi capitán. —Compa—, suplicó Fidel —no me vayan a matar, dígale a su capitán que estamos en un proceso de paz.

Solo encontró silencio en la mirada culpable del soldado que, a lo sumo, no tenía motivos contra él, solo estaba allí por el cobarde deber de un subordinado que obedece a ciegas, temiendo represalias ante cualquier atisbo de rebeldía con sus mandos mayores.

Hace muchos años, apenas si tenía yo cinco años, una cuadrilla guerrillera se tomó mi pueblo, con una de esas pipetas de gas que hacen bombas ustedes, cilindro bomba que llaman, volaron media cuadra donde quedaba la estación de policía, entonces mi padre que era un simple civil que pasaba por allí voló en pedazos… nos tocó armar su cuerpo, como si fuera un rompecabezas, para poder enterrarlo… Fue entonces, a esos escasos cinco años, que yo tomé la decisión de que en la vida me iba a enrolar en la milicia, para cobrar la muerte de mi padre. Ningún maldito proceso de paz me va a impedir arreglar cuentas, juré que con cualquiera me cobraba y no me voy a morir sin cumplirme ese juramento. Dijo el capitán, luego de torturar a golpes al indefenso Fidel, amarrado al árbol y sin posibilidad de escape. Tantos golpes con un madero seco que ya ni el cuerpo sentía, entumecido de tanto dolor, reventado por dentro y su consciencia a punto de desmayo. Hagan lo que tienen que hacer, ordenó el capitán a los tres soldados, mientras emprendía la retirada del lugar.

A media noche, la comisión de búsqueda de excombatientes, que se había resistido a obedecer al coronel Uscategui en eso de esperar hasta el día siguiente para tratar de dar con el paradero de Fidel, desafiando el inclemente tiempo de lluvia caminó por entre una arboleda pantanosa con la luz de unas pocas linternas, hasta llegar al lugar donde estaba el cuerpo de Fidel. Para no usar arma de fuego alguna que advirtiera a las comunidades vecinas, entre ellas la vereda de paz, sobre el momento del crimen, lo habían picado a machetazos.


Colombia, 2024. 


Ilustración tomada de: https://www.eldiario.ec/noticias-manabi-ecuador

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