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sábado, 4 de abril de 2026
domingo, 2 de marzo de 2025
Mudanza y otras minificciones
Mudanza y otras minificciones. Autor: Luis Carlos Pulgarín Ceballos
Los textos breves e hiperbreves, nos han llevado desde
la antigüedad, por el pensamiento de la sabiduría, de la reflexión y las
sentencias finales, que generalmente no admite una variante, el minicuento o
minificción con sus igualdades y diferencias nos dejan allí, frente al texto
con esa sensación de inmensidad, como la palabra mar, que nos lleva al inmenso
océano, perplejos, sin más que decir, sólo con la verdad total que nos acaban
de revelar, bien sea mediante una narrativa o una sentencia poética.
Luis Carlos Pulgarín Ceballos, en su devenir, por el
teatro, el cuento, la crónica, la poesía y la novela, nos trae ahora una
especie de síntesis de su pensamiento y criterio creativo, por medio de
numerosos relatos de asombrosa inmensidad en su brevedad, como manantiales en
los que navegamos, para llegar indefectiblemente al océano mínimo de MUDANZA,
en el que además nos lleva por un oscuro laberinto incursionando en las artes
plásticas, esas que además de llenar el lienzo dejando enormes incógnitas,
llenan el corazón de asombro y de incertidumbre.
El libro se deja leer con una fluidez asombrosa y cada
vez se asoma a laberintos diferentes de los parajes recónditos del alma humana,
desde lo espiritual hasta lo terrenal y llegamos al texto final que nos
detiene, que es tormenta, que no nos deja fluir, como si a nosotros nos faltara
inspiración para terminar el cuadro, o el texto, para ese estallido final que
es de satisfacción y nostalgia.
Gracias a Luis Carlos por estos bellos textos y
Gracias a los lectores por su complicidad.
Bolicolomperecuvenezuela y otros relatos
Bolicolomperecuvenezuela y otros relatos.
Primera edición, febrero de 2025.
Autor: Juan Gil Blas (Medellín, 1.959).
Rústicas remembranzas rurales
ERIGIRSE A LA PAR
CON LA PALMA es digno del acontecimiento birlibirloquesco de la vida. Verla
brotar de pronto como retoño de la tierra, y después verla hacerse arbolito de
melena y corbatín; derecha y pujante va la palma creciendo, y el campesino,
igual que ella, se hace niño y adolescente, primero de juguetes y luego de
espejos, el campesino de vidrio, ella de sol. La palma va alimentándose de las
aguas bajo tierra, y el campesino de las aguas rojas de las venas, y en ambos,
qué bella curiosidad, el agua es casi las dos terceras partes de todo. Que a la
palma creciendo rumbo al cielo no la detiene nadie; que al campesino menos. Que
la palma fabrica más tarde palmitas; que el campesino hijitas. Que los dos son
vigorosos, que el cenit del crecer, pero, que, ay, un hacha, zas zas, una
escopeta, bang bang, por la mitad, certeras, hasta hacerlos doblar y caer,
hasta derrotarlos en su pleno fulgor, la palma sin ardor, el campesino con
dolor.
Bella savia la que
circulaba por las venas de Ricardo Ramírez Rendón, el 408 de la galería del
Divino Redentor, procedente del campo.
Múltiplos de Mayakovski
SE SABE que el padre
del poeta ruso Vladimir Mayakovski murió de una infección en la sangre luego de
pincharse un dedo con un alambre. Muerte inesperada, triste y absurda. Un
pinchazo. Un alfiler. ¿Se ha pensado menor motivo? ¿Se ha encontrado después un
arma tan insignificante y paradójicamente pacífica? ¿Qué hacía allí el alambre?
¿Por qué el señor Mayakovski, padre, tenía que pasar justo por ese sitio de la
cómoda contra la pared y tropezar y pincharse, infectarse y morir? ¿Y por qué
él y no otra persona? ¿Y por qué otro si así fuera? ¿Quién le dio tal destino
al señor Mayakovski? ¿Se lo dio él mismo? ¿O meramente las circunstancias
ingobernables lo condujeron a la increíble hilazón de un dedo, un alambre y un
roce mortal? ¿Por qué? ¿Con qué derecho? ¿No hubiese sido mejor, más justa y
menos dramática una muerte senil? ¿O tan siquiera un enorme pino que lo
aplastara como gelatina durante su visita al bosque como inspector forestal?
Por lo menos habría sido un final adecuado, dentro del orden establecido,
aceptable. Pero, ¿un infeliz alambre acabar así no más con un hombre que se
defendía de todo menos de los alfileres?
Así es el azar.
El 14 de abril de
1930, su hijo, Vladimir Mayakovski, el poeta trágico, futurista y proletario,
levantó su brazo de hombre grande, se apuntó con una pistola en el pecho y
disparó.
Así obra la
voluntad propia.
Y ayer no más, en
el alba triste del solar*, María
Maldonado, que visitaba a su hija Marina, recibió un balazo anónimo en la
espalda, y hoy duerme aquí, serena, ecuánime, sonriente.
Así opera la
voluntad ajena.
* Cementerio. En Diccionario triste solar y cementerio
son sinónimos (N.E.)
Cuentos entre el bosque y la luna
Cuentos entre el bosque y la luna.
Autores: Marta Quiñonez, Luis Carlos Pulgarín Ceballos y Diana Arango (Ilustradora).
Libro Cara y Cruz (Lado A y Lado B)
domingo, 8 de septiembre de 2024
Es la guerra… (Y no es un cuento) - Segunda parte
Es la guerra… (Y no es un cuento)
Lecciones histéricas de Colombia.
Leer Primera parte:
Por: Luis Carlos Pulgarín Ceballos
Antes de retomar la
historia de Fulgencio Parra, permítanme el siguiente paréntesis para aclarar
contextos:
Es claro que había la
necesidad de que la américa latina, sometida al colonialismo español, se
liberara; y no pretendo restarle importancia a ese primer proceso de expulsión
del yugo invasor surgido en los diferentes territorios del nuevo continente;
pero hay que aceptar que el cacareado grito de “independencia” de 1810, al
menos en Colombia, fue un proyecto clasista, centralista y excluyente que solo
buscaba privilegios políticos para una clase criolla ilustrada y pudiente con
pretensiones de identidad europea dada la sangre que les corría por las venas (precisemos
que en Colombia la clase criolla estaba compuesta -en su origen-, por hijo o
hija de español con española nacido en territorio americano; luego: hijo o hija
de padres o madres españoles con padres o madres criollas, luego hijo o hija de
padres y madres criollas pero descendientes directos de españoles).
Esa élite criolla, privada
del ejercicio de la participación política en los altos cargos de gobierno
(decisión de los reyes españoles); pero no privados del disfrute de los
privilegios de las fortunas de sus padres; realmente no pensaban con sinceridad
en el lema de “libertad, igualdad y fraternidad” que imperó en la Revolución Francesa (uno de
los antecedentes que impulsó la valentía rebelde del proyecto independista); al
menos no para todos los habitantes de los territorios a independizar. En su proyecto político no estaban las masas
indígenas, las negritudes esclavizadas (incluso en muchas de sus casas
feudales), tampoco estaban en su horizonte emancipador los mestizos, mulatos,
zambos, pardos; masa poblacional pobre, compuesta por unas nuevas generaciones
étnicas originadas en la promiscuidad criminal de los conquistadores,
terratenientes y gobernantes españoles, que violaron mujeres indígenas y negras
para luego negar (en la mayoría de los casos) la paternidad correspondiente.
Tanto era el nivel
excluyente de esta primera “revolución” que incluso aquellos sectores criollos
de menor o nulo poder económico estaba por fuera del proyecto político con el
cual se pretendía reorganizar el territorio “independizado”; como lo demuestra
el hecho de que el único líder criollo, de bajo poder económico, que además sí
pensaba que la revolución debería ser construida con las masas pobres y
miserables, terminó en la cárcel condenado por sus mismos “hermanos” criollos
de revolución. Estamos hablando de José María Carbonell, el apodado “Chispero
de la revolución”, historia que nos merecería capítulo aparte, para no irnos
por un camino diferente a la historia de Fulgencio Parra que nos ocupa ahora y
con la cual queremos tratar de entender por qué, en tiempos del siglo XXI, los
pobres siguen siendo los que terminan peleando guerras ajenas; guerras de
quienes las crean, pero nunca entran al campo de batalla.
Así pues, Fulgencio Parra
fue uno de esos tantos excluidos, descendiente de mestizo con mulata, ambos
pobres; que en su infancia muchas veces comió tierra a falta de pan digno, y
que perdió, como ya dijimos a su padre, de tendencia política liberal, en otra
guerra.
Retomemos: Me voy a matar azules, le dijo Fulgencio
a su madre, dejándola en el embargo de la incertidumbre. Y se enlisto en el
ejército de los rojos.
Al ejército de los rojos
llegó Fulgencio. Quería un uniforme y un arma que lo autorizaran a matar
azules, quería vengar la muerte de su padre.
Perdió la cuenta de las
veces que disparó su fusil de dotación. Cada noche hacía la cuenta de los
posibles azules que habría matado, sin tener certeza, pues los únicos muertos
de los que tenía cuenta clara eran los rojos que caían a su lado cuando las
balas enemigas los alcanzaban.
Muertos azules y muertos
rojos encontraba día a día en el campo de batalla, muertos de lanza, muertos de
machete y cuchillo, muertos de bala de fusil; muertos de abandono en
descomposición. Y en los rostros sacrificados de los muertos azules, quiso
adivinar cuál de ellos podría haber sido el posible asesino de su padre, quería
terminar su guerra, pero debía estar seguro de que ya habría vengado la muerte
del padre.
Tantos rostros, tantos
gestos de terror ante la inminencia de la muerte, tantas cicatrices de miseria,
tantas arrugas que manifestaban desolación. Esos rostros de los azules eran tan
iguales a su rostro, al que fue el rostro de su padre, al rostro de los mismos
rojos. Y empezó a tener pesadillas con esa multitud de rostros, los rostros de
los muertos revisados con la ansiedad de encontrar al victimario de su padre,
los rostros de fatiga y desesperanza de sus compañeros rojos. Los rostros de
los mismos pobres de siempre, fueran rojos o azules, al final, rostros de la
misma clase sacrificada como carne de cañón en la guerra.
De súbito, una noche
despertó pensando que tenía que dar con el asesino de su padre, no podía seguir
sin saber si el victimario de su padre caía también, y que ese objetivo
perseguido no lo iba a lograr si seguía desde el ejército rojo; no, para
saberlo a ciencia cierta tenía que infiltrarse en el ejército azul, preguntar,
esculcar, descubrir con precisión. No iba a seguir siendo perseguido por tanto
rostro sin la certeza de saberse vengado. Así pues, a la madrugada de un día
cualquiera desertó del ejército rojo y se dio sus mañas para ser reclutado en
el ejército azul, donde -haciendo de tripas corazón por tener que relacionarse
con sus enemigos-, le dio continuidad a su proyecto de venganza.
Pero una cosa piensa el
burro y otra piensa quien lo está enjalmando: Ya enfilado en el ejército
enemigo, empezó a pensar que todos esos combatientes azules son tan iguales a
él y a tantos rojos, que igual están allí en el campo de batalla por hambre,
por instinto de venganzas iguales a la suya, y empieza a sentir que está en el
lugar equivocado, ya ni le importa saber si quien mató a su padre en esa guerra
pasada estaba vivo, o cayó muerto en otro combate, igual ya le parecía
imposible dar col él, el enemigo son todos los azules le decían en el ejército
anterior, el enemigo son todos los rojos le dicen en su nuevo ejército; no se
busca matar a nadie en particular, cae el que tiene que caer, el que estaba
destinado para morir ese día en el campo de batalla, llámese como se llame; la
venganza individual entonces empieza a perder sentido para él, ya no quiere
seguir más allí; esa guerra ya no es suya, tampoco de esa cantidad de
combatientes azules y rojos, descalzos, descamisados, tan hambrientos como
él; tan reclutados a la fuerza muchos,
por la necesidad de supervivencia otros, por venganzas equivocadas tantos…
Los días van y vienen, con
la única novedad de que siguen cayendo, en el campo de batalla, rojos y azules;
hasta que un día, los rojos le hacen una redada a los azules apresando a
varios. Y entre los capturados está Fulgencio, a quien sus ex compañeros rojos reconocen
como un traidor por pasarse al ejército enemigo. Entonces le hacen un consejo
verbal de guerra, y de ipso facto es condenado a muerte.
Frente al pelotón de
fusilamiento está Fulgencio Parra, será fusilado de manera inminente, por el ejército
que un día defendió su padre, al primer ejercito al que llegó él en busca de
una venganza sin sentido, en una guerra tan ajena para los pobres como él.
FIN.
viernes, 12 de julio de 2024
Cuatrocientos treinta y… No más ¡Basta ya!
Cuatrocientos treinta y… No más ¡Basta ya!
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| Fotografía tomada de internet |
Por: Luis Carlos Pulgarín
Ceballos
1.
Con el primer canto de la
madrugada Rodrigo salió de su rancho rumbo al sembrado, quería mirar el
florecer de su esperanza con los primeros rayos del sol aquella mañana.
Luego de entregar armas se
había consagrado a ese proyecto agrícola que había logrado plantar, en esa
tierra prestada por un vecino de la comunidad que los recibía, con la condición
de compartir algo de lo cultivado. Su dedicación a ese sembrado manifestaba su
arraigo con el campo, el arraigo que tenían muchos excombatientes con la tierra,
dado su origen campesino.
Antes de salir al campo,
miró hacia su pequeño hijo de un año, pensando, tal vez, en que la paz ahora
tenía descendencia; la prole estaba prohibida en tiempos de guerra. Ese hijo y Diana,
su mujer, también ex combatiente, eran el aliento de su vida, a pesar de las dificultades
que se cernían en el horizonte de esa paz que habían asumido ante el país.
Con aire de enamorado
tarareaba al viento una canción de esas que se quedan con uno toda la vida,
mientras caminaba presuroso. Había tanto por hacer aquel día: marcaría canales
de desagüe para que el agua no se empozara en las raíces de sus matas de
plátano, desyerbaría los alrededores, y en la tarde volvería al campamento de
paz a colaborar con actividades comunitarias.
Sumido en sueños iba,
cuando un grupo de hombres le salió al camino. Viejos camaradas del pasado
reciente, aquellos por los cuales ayer, habría arriesgado su vida en cualquier
combate. Un encuentro anunciado, pero no deseado.
—Camarada Rodrigo, gracias
por presentarse -lo saludó falsamente efusivo uno de los armados.
—Camaradas —respondió
Rodrigo, tratando de no demostrar temor ante ellos —yo no me he presentado ante
nadie, y les pido por favor que me dejen seguir mi camino, yo respeto sus
decisiones y espero que en honor a las convicciones revolucionarias, que dicen
seguir teniendo, ustedes respeten las mías.
—Claro camarada Rodrigo,
las convicciones revolucionarias que nosotros aún defendemos y que ustedes los
traidores entregaron —ripostó el mismo guerrillero.
—Camaradas, yo ya no estoy
más en la guerra —enfatizó Rodrigo, con el anhelo de no estar allí, de escapar
de aquello que sabía era una redada de aquel grupo de hombres disidentes del
proceso de paz.
—Vea camarada Rodrigo, no
se ponga así, como a la defensiva, venimos en plan de amigos; como en los
buenos tiempos camarada, contra usted no tenemos nada, solamente queremos
hacerle unas preguntas —trató de calmar el ambiente el que parecía ser el
vocero del grupo.
Pero el aire traía un
cierto olor a presagio gris con tonos de amargura.
2.
—¿Estas
despierta?
—No dejo de pensar en los muchachos.
—Son harina de otro costal, Diana.
—Tantos años caminando juntos.
—Pero ellos tomaron su decisión,
Diana.
—No están lejos…
—Están en otra realidad, Diana.
—Y, ¿si te buscan?
—No los conozco, Diana.
—Van a querer que el camarada
Rodrigo les ayude con los explosivos, en lo que él es experto…
—Se me olvidaron esas prácticas,
Diana.
—O que les reclute gente, Rodrigo…
—Mujer, ahora solo reclutamos gente
para la paz.
—¿Si te buscan?
—No me encuentran.
—Ya conoces al camarada Algiro, tu
eras de su entera confianza.
—Él rompió esa confianza, Diana,
está en una orilla del río diferente a la en que tu y yo nadamos ahora.
—A veces tengo unos sueños malucos.
—Tenes que tranquilizarte Diana,
nadie dijo que iba a ser fácil.
—Sueño que nos persiguen, nos gritan
traidores, nos someten a un consejo de guerra…
—Duérmete ya, Diana, no digas
pendejadas, esas ya son cosas del pasado.
—Con ellos rondando por allí… cosas
que siguen siendo del presente. ¿No tienes miedo, Rodrigo?
—Mujer, a lo hecho pecho, y esta paz
es nuestra revolución ahora.
—Yo sí tengo miedo, Rodrigo; tengo
miedo a que te pase algo.
—Duérmete ya Mujer. Mañana será otro
día, esperemos que esta paz no nos cueste la vida.
Compa, dígale que estamos en proceso de Paz
(Primera versión... de los hechos)
Diles que no me maten
(Juan Rulfo)
Casi asfixiado, pálido y aterrorizado llegó a la vereda de paz, el niño que trajo la noticia, corrió con toda la fuerza que podían darle sus entrados trece años de edad, para alertar a la comunidad. Yo estaba ahí, a la orilla de la quebrada, cuando escuché los pasos de los soldados, entonces me asusté y me escondí detrás de un matorral, ahí fue cuando vi que el camarada Fidel aparecía en su moto…
https://de-racamandaca-editores.blogspot.com/2024/03/compa-digale-que-estamos-en-proceso-de.html
Opinión
Cultura de Paz: Principio de la Paz que Colombia necesita
Por: Luis Carlos Pulgarin Ceballos
Construir Paz, entonces, nos representa abordar los siguientes compromisos: 1. Detener la guerra, 2. Políticas estructurales, 3. Instaurar una Cultura de Paz.
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En los últimos tiempos, Colombia ha estado inmersa en un debate sobre el tipo de Paz que necesita construir. Cada gobierno de turno ha bautizado de diversas formas su propuesta de trabajo en pro de la paz. Para no hacer mucha historia: con la elección de Gustavo Petro se generó la idea de una Paz Total, aunque dentro de su mismo gobierno, igual, se habla de una Paz Territorial. En algunas instancias de la ciudadanía se habla de Paz Integral, al parecer un recicle de lo que antes llamaron Paz con justicia social; de igual manera, en otros sectores es común escuchar que se habla de una Paz positiva.
https://canal3sistemaenlinea.blogspot.com/2024/03/cultura-de-paz-principio-de-la-paz-que.html
Pedagogía de la Reconciliación
Que no te acobarde la Paz
Carta y poema para un amigo que persiste en la guerra
Por: Luis Carlos Pulgarín Ceballos.
https://canal3sistemaenlinea.blogspot.com/2024/04/que-no-te-acobarde-la-paz.html
sábado, 27 de abril de 2024
ABCdario del Infierno -poemas-
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| Foto; Jesús María Catano Serna, Cumbre Nacional de Experiencias de Pedagogías de Paz |
«ABCdario del Infierno»: algunos poemas del nuevo libro de Luis Carlos Pulgarín Ceballos
Un periplo a través de 6 poemas de Pulgarín Ceballos y, al final, una breve reseña de su libro.
Homenaje
A María Mercedes Carranza
(en memoria)
Desde este lado oriente
la ciudad se extiende
a lo largo y ancho
como un monstruo gris incontenible
Desde este lado oriente de la ciudad
escucho el rumor y la estridencia
el caudaloso río de una jauría ansiosa por devorar el tiempo
De este lado oriente de la ciudad
unas cuántas calles empinadas más abajo
vivió María Mercedes
imagino que muchos días al despertar
a lo mejor todos
al abrir
de par en par
su ventana
para saludar las fatigas que tocaban las puertas del nuevo día
se encontró con la misma ciudad
que me encuentro yo cada mañana
y la anhelo de nuevo más pequeña
con menos pretensión de edificio desbocado hacia el cielo
a salvo de ensordecedoras congestiones
más llena de rocío y de paraguas
como en la época de su infancia
cuando era más suya
y subía a los cerros para arroparla toda con una sola mirada
y luego corría por sus calles
para recoger la poesía de la lluvia lenta
o simplemente
jugaba con el aire dando pequeños saltos
para no salpicar su uniforme de la escuela
en los espejos que quedaban de la lluvia
sobre calles y andenes
De este lado oriente de la ciudad
con viejas casas
y memoria de una cierta arquitectura provinciana
donde las fachadas guardan el olor del miedo
y las esquinas y zaguanes
la ansiedad del asaltante
María Mercedes destendió su cama
con la serenidad propia de quien ya no tiene prisa alguna
se acostó abrazada al adiós de su existencia
se cansó de ser extranjera de sí misma
de hablar a solas ante el espejo
de su desolada presencia
en esta urbe con millones de habitantes
dejó en el viento besos y sonrisas suficientes
para que su hija comprendiera su ausencia escogida
y se fue al encuentro de respuestas
para ese puñado de preguntas que siempre tuvo
A esta hora ya debe saber
si Rimbaud soñaba cuando soñaba Verlaine
o si solo
«se trata de un tema
de escritores sin oficio»
en una ciudad que nos resulta cada vez más ajena
Poema ganador en el Concurso Nacional «Poesía Capital»,
Casa de Poesía Silva y Ministerio de Cultura, 2005.
ABCdario del infierno I (Leiva)
En mi país
(país maldito
por ángeles expulsados del paraíso)
La letra con sangre entra
Las manecillas del reloj de la infancia
corren por caminos polvorientos
con su desparpajo de primavera
para llegar a su meta
La escuela donde el maestro
espera la tarea
La muerte
envidiosa y marrullera
ha tendido su red con olor a plomo
El camino ahora es un lecho de cardos
y espinas de rosas fúnebres
La tarde suelta su rumor de duelo
de rodillas los cuadernos caen
ruedan por el polvoriento suelo
y de entre sus hojas en desorden
lleno de espanto
se libera un mudo abecedario
La madre sin intuir un por qué
empieza a sentir que los santos en el altar visten de luto
En la mesa de la espera
servida quedará la merienda
Cartografías de la memoria
5
Éxodos
La casa derruida por el tiempo
habitada por la soledad
mientras las cucarachas hacen un festín
con las sobras de la cena que se quedó a medias
La puerta de par en par
como testimonio
del afán que sembró el miedo
y la mecedora dormitando el viento
que zarandea tus recuerdos.
Las paredes abrazando inconfesables secretos
y un baúl desolado después del saqueo
a la hora que los zaguanes murmuran
una lenta melodía de duelo
y la lluvia borra las huellas
de tus últimos pasos por el patio
ABCdario del infierno VII (Rompecabezas)
Fra
g
men
ta
do
Su
cu er po
como un
abecedario
ro
to
y
re ga do
por
el
patio
Una madre
con paciencia y sin espanto
lo va juntando
pieza a pieza
lo cose con sus besos
Desolación (Alto Naya, 2001)
En la pizarra
de la vieja escuela rural
donde el aire es solo olor de humo
y el viento un gris y espeso manto de ceniza
Inconclusas quedan algunas operaciones matemáticas
última lección de la maestra ante el fragor del miedo
Adición de incertidumbres
y resta de alumnos salidos en diáspora
Caligrafías del olvido
En la última vereda devastada
arden las últimas tablas de madera
que un día fueron casa
hogar
cobijo
dispersas cortinas de humo
elevan hacia el cielo
los nombres de Pedro Manuel
Carlota José Antonia Abel
Luisa María Roberto Gabriel
Después de jugar con ellos
como si fueran
la cola de una cometa sin rumbo
el viento
como un niño travieso
los fragmenta
Apretar la realidad con abecedarios trágicos
Reseña de ABCdario del infierno de Luis Carlos Pulgarín Ceballos
Por Samuel Solórzano Cisery
En las inmediaciones de la desidia, del intercambio de conflagraciones que se elevan con humos desamparados, la poesía de Pulgarín Ceballos reacciona como espejo por tierra, fragmentándose para abarcar las casi inabarcables ruinas de memoria y espíritu. Cada fragmento nos devuelve los rostros que la muerte ha borrado, las voces que repiten con desgarro sus nombres, el jardín o la casa cuyas fibras ardieron en el fuego, pero sus cenizas se niegan a mezclarse en una ciénaga de olvido.
ABCdario del infierno (2022) de Pulgarín Ceballos expresa un territorio lleno de violencia y se pregunta no solo por el sufrimiento de sus habitantes, sino también por sus actividades, aprendizajes y afectos antes de que fueran truncados. En sus versos se hilvanan así personajes como los niños y las madres, donde los primeros padecen, son asesinados aún sin aprender los completos abecedarios para manifestar en palabra sus sufrimientos más allá de la línea de la muerte; y las madres son aquellos tótems que reciben toda la carga de ausencia e impotencia, las que levantan las manos al cielo y son franqueadas por el agónico silencio de una pregunta sin respuesta. Es entonces cuando este poemario coloca sobre un nenúfar giratorio cada tragedia y evita que se anegue con los ciclos de violencia-muerte. La poesía no frena ciclos, pero sí sacude el polvo.
ABCdario del Infierno abre su periplo con un homenaje a María Mercedes Carranza, que es un “elogio a los suicidas”; un poema que expande la última mañana de vida de la poeta bogotana quien dirigió la entidad cultural Casa de Poesía Silva desde su fundación en 1986 hasta que se suicidó en el 2003.
Luego el ABCdario del infierno recupera la topografía de la Comedia de Dante con tres secciones que extrapolan los ciclos violentos en tres niveles, con la única diferencia es que no hay paraíso. La primera sección “Capítulo 1 – Infierno” se concentran los poemas que abordan la memoria y el olvido que penetran en las coyunturas de una muerte interior con un telón de masacres de fondo.
En el “Capítulo 2 – Purgatorio” los poemas se astillan con cada ciudad y pueblo nombrado a través de versos que dibujan, describen, anuncian las ruinas y los resabios del conflicto armado. Por último, en el “Capítulo 3 – Otros poemas en las turbulencias de Aqueronte” el desasosiego se encarna con las manos que desaparecen, la infancia que sangra, la oración jamás escuchada y las corrupciones como pan de cada día; poniendo el final de un periplo que gira y regresa sobre sí mismo, como el nenúfar que flota sin ningún destino.
Este nuevo poemario de Pulgarín Ceballos es devastador. Aprieta la realidad falsa de la cotidianidad y del paso del tiempo para mostrar las heridas de un país debajo de la ilusión de paz.
***
Sobre Luis Carlos Pulgarín Ceballos

Luis Carlos Pulgarin Ceballos (Colombia, 1967). Escritor, periodista, comunicador social, abogado, dramaturgo, actor, director de teatro y narrador oral. Ha realizado estudios sobre justicia transicional, negociación y resolución pacífica de conflictos, acción para la paz, gerencia cultural, liderazgo social y político, Derechos Humanos, DIH, literatura, producción audiovisual, teatro, entre otros. Catedrático universitario. Promotor, consultor, interventor y coordinador de proyectos culturales, juveniles, sociales, de acompañamiento a víctimas del conflicto armado y de Derechos Humanos en varias regiones del país. Cofundador de grupos culturales como la Corporación de Cuenteros y Narradores Orales de Antioquia y Vivapalabra de Medellín e integrante del Taller de Escritores Urabá Escribe (años 90).
Premio Nacional de Dramaturgia para Niños 2001. Ganador Concurso Nacional «Poesía Capital», Casa de Poesía Silva, 2005. Beca IDCT de Creación en Teatro, 2002. Ganador del concurso nacional de proyectos para televisión «No se le arrugue» de Producciones PUNCH, año 2000. Libretista del programa Planeta Niños (nominado por el periódico El Tiempo, como mejor programa infantil de la televisión colombiana en 2004). Segundo lugar en el III Concurso de Cuento Eutiquio Leal (Taller de Escritores Gabriel García Márquez y U. Autónoma de Colombia), 2012. Ganador del Concurso Tertulias a la Francesa con el proyecto «Las bodas de Figaro», Fundalectura y Embajada de Francia, 2006. Nombrado Embajador del idioma español, por La Fundación César Egido Serrano y el Museo de la Palabra en sesión plenaria, Madrid, España, febrero de 2018.
Ha publicado: Urabá, el mayor éxodo de los últimos años (investigación, 1995), Refugiados colombianos en Panamá (informe, 1998), Esta fabulilla es una farsa (teatro infantil, 2002), La trágica historia de amor del gato Romeo y Julieta, la ratona (cuento infantil, 2004), Los Relatos del Majuy (tradición oral del municipio de Cota, 2007), Crimen de media noche (teatro en estudio, 2016), Altazor; antología poética de la campaña 1 millón de poemas contra la guerra, la impunidad y el olvido (2012). ABCdario del infierno (poesía, 2022); Mudanza y otras minificciones (cuento, 2022). Poemas, cuentos y artículos suyos han sido publicados en: Antología del cuento contemporáneo (Revista Vericuetos, edición bilingüe, Paris, Francia, 2020). Revistas Casa de Poesía Silva, Golpe de Dados y Contestarte. Magazín Dominical de El Espectador. Entre otros medios periodísticos, universitarios, nacionales y regionales.
Esta sección de La Cháchara literaria es coordinada por Samuel Solórzano Cisery.
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Compa, dígale que estamos en proceso de Paz (Primera versión... de los hechos) Diles que no me maten (Juan Rulfo) Autor: Luis Carl...
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